Ciclo de Selene>

Paz para mirar nuestro interior

Caen mis párpados abandono toda lucha, 

se afloja mi cuerpo percibo paz interna

Afuera suenan los ruidos del robot de limpieza

la helada de julio se presentó de manera intensa

gélido el aire, la escarcha replegó hasta

 los pájaros más alegres

Todo es diferente en mi interior tengo una calidez que me abraza

me cobija me dice “ estás en casa” hoy es momento de calma

agoto mis esfuerzos de “hacer”

me entrego a la nada

esa nada me envuelve con una calidez inmensa

me susurra que ama la energía del invierno

me fundo con el vacío, los pensamientos más combativos se quedan en la superficie

me hundo en la profundidad de mi estanque estoy en calma

en un sin tiempo empiezo a ver destellos brillantes

esos destellos brillan cada vez más y se hacen más perceptibles

invaden mi interior y me susurran sueños que quieren proyectarse.

Elijo uno y se expande me llena una electricidad vibrante que surge de mi interior

plena y radiante ese sueño me incita a ser creadora,

El vacío me regala una conexión directa con La Creadora, con Ella.

Ella inunda el Vacio, el Vacio es Ella.

Me rodean aroma a jazmines, y lavandas, me abrazan copos de algodón

y soy impulsada al exterior para ser la dueña de ese Sueño 

que quiere ser traído a la luz dimensional.



El Ciclo de Selene nació en un momento de silencio interior. Un instante en el que levanté la mirada hacia la Luna y permití que su presencia me habitara. Empecé a observarla con devoción: sus fases, sus ritmos, sus sombras y resplandores. Descubrí que, mientras ella cambiaba en el cielo, algo en mí también se movía. La energía lunar no era solo un fenómeno astronómico: era un espejo, un pulso que dialogaba con mi cuerpo y con mi historia.

Comprendí entonces que nuestras vidas —las de todas las mujeres— están entrelazadas con ese movimiento eterno. La Luna se volvió guía, maestra y puerta. En cada fase reconocí una fuerza distinta: la expansión, el resguardo, la intuición, la oscuridad fértil, la luz que revela. Y en ese diálogo sutil descubrí también el poder creador de mi útero: un espacio energético, emocional y simbólico que guarda memorias, miedos, potencias y renacimientos.

Este ciclo nació cuando dejé de ignorar ese lenguaje. Cuando empecé a escuchar mi cuerpo como territorio sagrado. Cuando me animé a transitar la oscuridad sin temor, a transformar la angustia en visión, la vergüenza en libertad y la fragilidad en belleza.

Primero fueron palabras. Escribí intentando comprender aquello que sentía: cómo una energía ancestral me atravesaba, cómo la Luna sincronizaba mi mundo interior. Esos textos fueron la primera obra. Un mapa emocional. Una invocación.

Con el tiempo, los escritos pidieron materia. Pidieron forma.

Así surgieron las piezas del Ciclo de Selene: obras que indagan el poder de lo lunar y su naturaleza cíclica. Pinturas que no representan la Luna, sino su vibración. Texturas que evocan fases. Gestos que revelan el movimiento invisible entre oscuridad y luz.

Cada obra es un estado.

Un registro de lo que la Luna despertó en mí.

Una afirmación de fuerza, de verdad y de identidad femenina.

El Ciclo de Selene continúa expandiéndose: es un proceso vivo, una creación en diálogo con mis ciclos internos y con la belleza de la Luna, ella me guía, es mi compañera de creación.

Pieza 1>

Luna Negra es la primera pieza de mi Ciclo de Selene, y nació en un momento en el que decidí mirar la luna de otra manera: no como un elemento distante del cielo, sino como una energía viva que dialoga con mi cuerpo, mis emociones y mis procesos creativos.

Cuando puse mi atención en sus fases, empecé a reconocer cómo cada transformación lunar resonaba en mí y en todas las mujeres: cómo nos mueve, nos vacía, nos llena, nos impulsa y también nos pide silencio.

La fase de luna negra, esa oscuridad profunda donde nada se ve, fue para mí un descubrimiento. En esa ausencia aparente encontré un espacio fértil, un origen. Entendí que en la sombra es donde germina lo nuevo, donde se disuelven las capas que ya no sirven y donde la energía creadora comienza a tomar forma.

Ese mismo proceso lo relacioné con mi útero, con su poder, con su capacidad de transformarlo todo en silencio. Conecté con mi sagrado femenino desde un lugar libre de miedo, de vergüenza y de cargas aprendidas. Empecé a escucharme más.

Luna Negra surgió primero en palabras, en escritos donde exploraba mis emociones, mis ciclos y mis transmutaciones. Luego, esas palabras empezaron a pedirme materia. Fue ahí cuando la obra tomó forma: texturas, gestos, capas que se superponen y respiran como si fueran el pulso interno de algo que está naciendo.

No quise representar la luna. Quise sentirla y permitir que esa sensación se volviera imagen.

Por eso esta pieza no habla de lo visible, sino de lo que late por debajo. Es un portal hacia ese momento en el que todo se renueva desde la oscuridad, donde la fuerza no es explosión sino semilla.

Para mí, Luna Negra es el inicio de un camino de sanación y de integración. Es el comienzo de un ciclo donde acepté mis ritmos, mis silencios, mi intuición y mi verdad. Un ciclo donde la energía femenina —en mí y en todas las mujeres— se vuelve guía y creación.

Título: Luna Negra

Serie: Ciclo de Selene — Pieza 1

Artista: María Fernanda Silva

Técnica: Acrílico sobre lienzo

Medidas: 190 × 130 cm

Año: 2025

Primer obra del Ciclo de Selene, creada a partir de la observación consciente de los ciclos lunares y su resonancia en el cuerpo femenino. Luna Negra explora la energía de la fase oscura de la luna como un espacio de origen, transformación y poder creativo.

Pieza 2>

Pieza 2> Calendarios

Los Calendarios del Ciclo de Selene nacen como una extensión natural de mi serie Contacto. Durante ese proceso descubrí la fuerza de crear piezas pequeñas, táctiles, hechas a mano, capaces de generar un puente íntimo entre mi universo interno y la persona que las recibe. Contacto fue el inicio de esa pulsión: tarjetas artesanales que contenían un gesto, un pulso, un instante de verdad.

De esa búsqueda por acercarme al otro surgió una necesidad más profunda: que ese intercambio no fuera solo un momento, sino un acompañamiento en el tiempo.

Y fue entonces cuando la Luna se hizo presente.

Mientras exploraba los ciclos lunares y su influencia en mi energía creativa, comprendí que su naturaleza rítmica reflejaba mis propias transformaciones. El poder de lo femenino, el movimiento interno, la sombra, la luz, la expansión y el repliegue fueron apareciendo como lenguajes propios en mi obra.

Así nacieron los calendarios: como un puente entre lo íntimo y lo cíclico.

Entre el gesto manual

y el tiempo ritual.

Entre el contacto

y el acompañamiento.

50 únicas piezas. No existe repetición.

Cada fragmento está trabajado a mano, con tintas, texturas y marcas que registran mis estados durante cada fase lunar. No son ilustraciones: son micro piezas rituales, huellas materiales de mi propio tránsito por el ciclo.

Y hay algo más que para mí es esencial: entregar cada calendario en mano.

Miro a la persona, la reconozco y le entrego esta pieza como un obsequio que deseo que acompañe sus propios procesos durante el próximo año. Que funcione como un recordatorio de su propio ritmo, su intuición, su sensibilidad, su verdad.

Estos calendarios son, en esencia, pequeñas ofrendas, piezas de contacto sostenidas en el tiempo, fragmentos del Ciclo de Selene que viajan desde mi energía hacia quien los recibe.

Una colección de 50 piezas únicas creadas para acompañar, sostener y recordarnos que estamos hechas de movimiento, luz, sombra y renacimiento constante.

SOMOS PARTE DEL TODO.

Si algo de mi obra resonó con vos -una serie, una pieza única, las tarjetas o los calendarios en lienzo- podes escribirme. Trabajo cada proyecto de manera manual y personalizada, por lo que también realizo desarrollos especiales para espacios, emprendimientos o negocios que buscan identidad visual a través del arte.

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Pulsión por Crear>

MARÍA FERNANDA SILVA

Artista Visual & Diseñadora Gráfica (UBA)

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